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23-07-2013

Estrellas que se apagan. Can Fabes

Parece obvio que la crisis se ceba en España. Ni siquiera la gastronomía de excelencia, esa que cabalga ya férreamente unida a la Marca España, se libra de los embates. Esta semana, el emblemático restaurante Can Fabes ha anunciado que el 31 de agosto cerrará sus puertas. Bajo la dirección de Santi Santamaría, su fundador, el restaurante de Sant Celoni (Barcelona) llegó a tener tres estrellas Michelin. Ahora, a pesar del mazazo de la muerte del afamado cocinero en Singapur, conserva dos de las preciadas estrellas, que son como los Oscar de la gastronomía. Pero ni la extrema afición española a la alta cocina, que hasta ha dado el salto a los concursos televisivos, ni casi ninguna otra circunstancia parece que serán capaces de salvar a este exquisito templo gastronómico, ahogado por la inviabilidad económica.

Otros, lamentablemente, le han precedido durante estos cinco años de dura recesión. La lista empieza a ser voluminosa: elBulli,Jockey, Ca Sento, Sergi Arola Gastro...

A estos grandes cocineros no les ha salvado la innovación y la creatividad que siempre demostraron. Otros, sin embargo, se están aferrando a esa misma receta para intentar subsistir.

Las nuevas corrientes innovadoras recorren un camino, en cierto modo, inverso: mantener el lujo de unos buenos platos al tiempo que se bajan los precios y se combinan las viandas con locales menos lujosos, servicio menos caro y negocios paralelos, como el catering o la asesoría a otros cocineros.

En todo caso, este nuevo cierre anunciado tiene muchas aristas. Porque es injusto que la crisis arrastre por igual a los que incurrieron en excesos y mala gestión que a quienes durante años demostraron esfuerzo y creatividad, aunque por otra parte parece lógico que tanto lujo caro pierda adeptos en un país de mileuristas.

También resulta paradójico que el mercado del lujo siga tan sano y rentable como antes junto al triste apagado de tanta estrella Michelin. Parece obvio que en este país ya no quedan paladares de ricos suficientes para sostener la alta cocina española. Ni tampoco empresas y clases medias dispuestas a hacer un día una lujosa excepción.

 

Fuente: El país.es